José Guevara de 64 años de edad, se encontraba en la portería del Edificio Niria donde él laboraba, esta vez le había correspondido el turno de seis de la mañana a seis de la tarde. Estaba muy contento eran las cuatro de la tarde y le restaban un mínimo de dos horas para entregar su puesto al siguiente portero.
José que se había dormitado escuchando rancheras, se despertó un poco asustado por el timbre de la puerta. Se trataba de dos hombres de la encomienda, que venían explícitamente a entregar unos cuadros al pintor César Santafé, los cuales se habían utilizado en una exposición en Buenaventura.
El sexagenario en instantes les abrió la puerta, y les pidió que lo esperaran hasta que logrará comunicarse con el apartamento 402, donde residía Santafé. Tomó el teléfono pero no hubo respuesta. “Por favor déjenme los cuadro acá en la portería y cuando llegué don César yo se los haré llegar”, dijo él, quien optó por tomar esta decisión ante la ausencia del pintor.
Los individuos se retiraron del lugar, no sin antes agradecerle al anciano por haberle ahorrado la molestia de tener que volver al lugar, José se despidió de ellos con calidez.
Eran las cinco de la tarde, todo parecía indicar que había sido un día sin complicaciones en la vida de José Guevara, sin embargo no todo estaba dicho todavía faltaba una hora para entregar su turno y todo podía pasar. Mientras esperaba el termino de su jornada, el anciano sintió los motores de un automóvil, de inmediato verificó en el garaje del edificio ubicado en la avenida 6 Nº 13-53, y efectivamente un vehiculo se disponía a salir, así que tomó las llaves y fue hacia la puerta garaje para darle salida al vehiculo.
Luego de que el automotor se fuera, cogió las llaves de nuevo, comenzó a asegurar, cuando de repente dos sujetos aparecieron de la nada, él se asusto mucho, los hombres se levantaron la camisa y mostrando en su cintura un par de pistolas le dijeron “Éntrese o sino aquí mismo lo pelamos”.
Los dos sujetos acorralaron al humilde portero quien no tuvo de otra más que dejarlos entrar. El anciano camino hacia la portería mientras que ellos por su espalda le apuntaban con sus armas, nadie parecía darse cuenta del karma por el cual estaba pasando el señor.
Cuando él llegó a la portería, los individuos no paraban de apuntarle ni un solo segundo. José que no aguantaba mas la impotencia les dijo “Que buscan, yo soy una persona que vive de un pobre sueldo de portero”, de inmediato las respuesta de uno de ellos fue “Quiero que me conceda las llaves del apartamento de César Santafé”.
José parecía anonadado, él no tenía acceso a las llaves de los apartamentos y si lo tuviera tampoco era posible dárselas. “Yo no tengo llaves, cada llave la tiene su propietario”, los sujetos parecieron enfurecerse. “No estamos para cuentitos dénosla ya”.
El viejo quiso de alguna manera arreglar la situación así que les dijo “Si ustedes quieren algunas de las pinturas de don César aquí están estas dos que llegaron hoy”, expresó el anciano tratando de salvar su pellejo, los hombres miraron las pinturas sin dejar de apuntarle al señor, José cerró los ojos por unos instantes esperando que esta pesadilla terminará, parecía que no estaban muy convencidos y la mano en el gatillo indicaba que este sería el fin de él, sin embargo uno de los sujetos dijo “Llevémonos estas pinturas por ahora y después venimos y le desalojamos todo el apartamento, por el momento te salvas cucho” ellos salieron sin mayor complicaciones del edificio nadie pareció percatarse del robo, lo que si era obvio era que él tendría que dar explicaciones del caso.
Los sujetos no regresaron como lo habían prometido al marcharse aquel día, pero lo que si no tuvo reversa fue la decisión del dueño del edificio quien despidió a José por el robo de las pinturas argumentando que él era cómplice de los individuos.
La policía investigó el caso y encontró que unas pinturas originales del desaparecido pintor Pablo Piccaso, estaban en poder de César Santafé, y esta había sido la causa por la cual los sujetos querían a toda consta entrar al apartamento.
“Creo que no se le debe negar trabajo a alguien que no tiene nada que ver, así que hable con el dueño del edificio para que él volviera a su cargo”, fueron las palabras del pintor quien sugirió el regreso José a su puesto de portero.
José trabaja aún en el edificio, lo que no sucede con el pintor quien decidió mudarse a otro apartamento evitando un nuevo robo de sus pinturas.
En el post de arriba las obras Hurtadas y el sitio donde fueron robadas:
Foto 1: Icaro
Foto 2: Madre e Hijo
Foto 3: Edificio donde fueron hurtadas
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