jueves, 15 de octubre de 2009
Arte en peligro
José que se había dormitado escuchando rancheras, se despertó un poco asustado por el timbre de la puerta. Se trataba de dos hombres de la encomienda, que venían explícitamente a entregar unos cuadros al pintor César Santafé, los cuales se habían utilizado en una exposición en Buenaventura.
El sexagenario en instantes les abrió la puerta, y les pidió que lo esperaran hasta que logrará comunicarse con el apartamento 402, donde residía Santafé. Tomó el teléfono pero no hubo respuesta. “Por favor déjenme los cuadro acá en la portería y cuando llegué don César yo se los haré llegar”, dijo él, quien optó por tomar esta decisión ante la ausencia del pintor.
Los individuos se retiraron del lugar, no sin antes agradecerle al anciano por haberle ahorrado la molestia de tener que volver al lugar, José se despidió de ellos con calidez.
Eran las cinco de la tarde, todo parecía indicar que había sido un día sin complicaciones en la vida de José Guevara, sin embargo no todo estaba dicho todavía faltaba una hora para entregar su turno y todo podía pasar. Mientras esperaba el termino de su jornada, el anciano sintió los motores de un automóvil, de inmediato verificó en el garaje del edificio ubicado en la avenida 6 Nº 13-53, y efectivamente un vehiculo se disponía a salir, así que tomó las llaves y fue hacia la puerta garaje para darle salida al vehiculo.
Luego de que el automotor se fuera, cogió las llaves de nuevo, comenzó a asegurar, cuando de repente dos sujetos aparecieron de la nada, él se asusto mucho, los hombres se levantaron la camisa y mostrando en su cintura un par de pistolas le dijeron “Éntrese o sino aquí mismo lo pelamos”.
Los dos sujetos acorralaron al humilde portero quien no tuvo de otra más que dejarlos entrar. El anciano camino hacia la portería mientras que ellos por su espalda le apuntaban con sus armas, nadie parecía darse cuenta del karma por el cual estaba pasando el señor.
Cuando él llegó a la portería, los individuos no paraban de apuntarle ni un solo segundo. José que no aguantaba mas la impotencia les dijo “Que buscan, yo soy una persona que vive de un pobre sueldo de portero”, de inmediato las respuesta de uno de ellos fue “Quiero que me conceda las llaves del apartamento de César Santafé”.
José parecía anonadado, él no tenía acceso a las llaves de los apartamentos y si lo tuviera tampoco era posible dárselas. “Yo no tengo llaves, cada llave la tiene su propietario”, los sujetos parecieron enfurecerse. “No estamos para cuentitos dénosla ya”.
El viejo quiso de alguna manera arreglar la situación así que les dijo “Si ustedes quieren algunas de las pinturas de don César aquí están estas dos que llegaron hoy”, expresó el anciano tratando de salvar su pellejo, los hombres miraron las pinturas sin dejar de apuntarle al señor, José cerró los ojos por unos instantes esperando que esta pesadilla terminará, parecía que no estaban muy convencidos y la mano en el gatillo indicaba que este sería el fin de él, sin embargo uno de los sujetos dijo “Llevémonos estas pinturas por ahora y después venimos y le desalojamos todo el apartamento, por el momento te salvas cucho” ellos salieron sin mayor complicaciones del edificio nadie pareció percatarse del robo, lo que si era obvio era que él tendría que dar explicaciones del caso.
Los sujetos no regresaron como lo habían prometido al marcharse aquel día, pero lo que si no tuvo reversa fue la decisión del dueño del edificio quien despidió a José por el robo de las pinturas argumentando que él era cómplice de los individuos.
La policía investigó el caso y encontró que unas pinturas originales del desaparecido pintor Pablo Piccaso, estaban en poder de César Santafé, y esta había sido la causa por la cual los sujetos querían a toda consta entrar al apartamento.
“Creo que no se le debe negar trabajo a alguien que no tiene nada que ver, así que hable con el dueño del edificio para que él volviera a su cargo”, fueron las palabras del pintor quien sugirió el regreso José a su puesto de portero.
José trabaja aún en el edificio, lo que no sucede con el pintor quien decidió mudarse a otro apartamento evitando un nuevo robo de sus pinturas.
En el post de arriba las obras Hurtadas y el sitio donde fueron robadas:
Foto 1: Icaro
Foto 2: Madre e Hijo
Foto 3: Edificio donde fueron hurtadas
Una madre y un padre para Flor
Ella hace un Flash Back y recuerda con un nudo en la garganta aquel 13 de noviembre del 2008; cuando su padre Tomas Armenta, salió muy temprano de su casa en Ensenada Baja California México; y no regresó, “Ese día mí papa había llevado a mi mamá al trabajo se acercó a un banco y allí tuvo un ataque al corazón” estas palabras parecieran ser una confesión y a la vez, el descargo de alguien que quiere quitarse un peso de encima.
Ese día Flor se encontraba en la Universidad Autónoma de Baja California, donde estudiaba, acababa de salir de un receso de sus clases, recuerda que un tío suyo la llamo y le conto que su padre estaba en el hospital, en ese instante ella sintió mucho desespero dejo todo lo que estaba haciendo y se fue para la clínica ocho, donde se encontraba internado.
“Fue una situación muy difícil, en la clínica me encontré sola, la trabajadora social me entrego las cosas de mi papá, me dijo que lo encontraron inconsciente en su coche y que los clientes del banco pensaron que estaba borracho” Relata ella, pensaba en el hospital estaría su mamá María Salomé Vázquez, sin embargo la noticia solo la sabia ella, así que llamo a su casa y dio aviso, todos se mostraron confundidos por la situación.
Cuando Flor entro a la Habitación Sintió que se desmoronaba, su padre estaba con sondas en todo el cuerpo, presentía lo peor puesto que alguna vez, el dijo que si algún momento no se podía valer por si mismo se iba a dejar morir.
“Mi papá había empezado a tener muchas crisis, quería quitarse los aparatos que estaban conectados a su cuerpo; mi mamá y yo estábamos esperanzadas en que mi padre saldría bien de este impase; no obstante mi hermano Tomas Armenta, había hablado con la Doctora del hospital y esta le había dicho que era cuestión de tiempo para que él dejara de existir” Cuenta Flor con inmenso dolor, lo que sucedía en la estadía de su padre en el hospital.
Elvira Ávila Arroyo estudiante de intercambio de la Universidad Autónoma de Baja California, estuvo en estos momentos tan cruciales, de la vida de Flor cuenta como fue ese momento “Fue una situación muy complicada dejo de asistir a la universidad quería estar al lado de su padre todo el tiempo, Don Tomas era el motor de la vida de ella, la muerte de un padre y más un padre como él que estuvo siempre al lado de ella es muy dolorosa”
El 18 de noviembre, Flor vio a su padre con un mejor semblante así que decidió volver a la Universidad, cuando regresó en la noche al hospital se sintió culpable Tomas, había tenido una fiebre muy alta y las esperanzas de vivir, parecías ser escasas.
“Al día siguiente las cosas no fueron mejor para mi papá, ese día estaba muy desesperado, consecuencia de la fiebre que había tenido la noche anterior ya no podía ver” Eran las últimas horas de su padre, un hombre que muchas veces vio reír y llorar de alegría y de tristeza, pero que había llegado una enfermedad y había acabado con el espíritu luchador de este hombre, una persona muy entera que la había acompañado siempre, con la que fue a recoger frutos de los árboles y escucho el sonido de las gaviotas, ese fue Tomas Armenta.
Eran las seis de la tarde de ese imborrable 19 de noviembre de 2008, cuando Flor y su madre Salomé Vázquez, salieron a comer luego de acompañar todo el día a su papá en el hospital, ese día fueron acompañadas de sus hermanos a cenar, luego su mamá volvió al hospital y ellos fueron a casa a recoger a Lluvia su hermana, pero el teléfono sonó era su madre que pidió a todos volver a la clínica porque el final estaba cerca.
Salieron de inmediato a la clínica, pero fue demasiado tarde su padre había acabado de fallecer, la angustia que se sintió en aquella habitación del hospital, todo parecía ser más muy confuso, Flor no comprendía porque la vida era tan injusta con ella, quería morir igual que su padre.
“Ver a mi padre ahí tirado me descompuso por dentro, quería llorar todo el tiempo, el había sido una madre y un padre para mí, cuando mi mama trabajaba él estaba conmigo, él no me dejaba ningún momento, leíamos juntos, soñábamos juntos no entiendo porque la vida es así, lo abrace estando muerto y llore sobre su cuerpo frío era como si me hubieran arrancado parte de mi vida” Comenta Flor Armenta entre muchas lágrimas de dolor, la vida es dura su viaje a Colombia fue algo que decidió con el deseo de olvidar ese lazo que se rompió con la muerte de su padre, sin embargo ella sabe que en cualquier lugar que este nunca podrá erradicarlo de su mente.
No nací con manos de artista
César Santafé pintor y dibujante de gran trayectoria, con gran admiración hacia las pinturas de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci y con fuerte influencia de artistas del siglo XX como Pablo Picasso y Fracis Bailon. Su travesía por el mundo artístico comenzó a los 17 años mientras visitaba las islas de Gran Canarias en España, el ver a los dibujantes retratar a los turistas lo lleno de gran curiosidad, de gran emoción y logro cautivarlo, hasta el punto de dejar sus estudios de ingeniería textil que adelantaba en la ciudad Europea, para estudiar arte y dibujo.
El arte lo moldeo, gracias al arte pudo explotar su estados de ánimo; el arte lo enseño a ser más creativo, pudo dejar salir esa vena artística que tenia atrapada en su interior y manejar psicológicamente esas sensaciones y emociones humanas.
“Cuando me di cuenta que mi hijo no quería estudiar ingeniería textil, me dio mucha tristeza pues yo esperaba que el respondiera a los esfuerzos que yo estaba haciendo, para pagarle sus estudios, era muy complicado para mi pagarle la universidad y mandarle dinero mensual a España” dijo su madre Julieta Valcárcel, quien era madre cabeza de familia, para ese entonces y quien cuidaba de que en casa no faltará nada.
César regresó a Cali, y entró a estudiar al Instituto Departamental de Bellas Artes, en el año 1973 allí descubrió que no era un pintor innato, sus dibujos eran pésimos, lo que lo llevo a comprender que había llegado al artes guiado por convicción más por una genialidad.
Las pinturas que su creación que han logrado marcarlo como artista y que forman parte fundamental de la época en las que fueron creadas son: El Violinista (1986), El Músico Moderno (1992), La Familia de Circo (1993), Salomé Bíblica (2004).
“César Santafé, es una persona única es un buen pintor sobre todo porque sabe desmembrar el erotismo en cada una de sus pinturas, logrando atrapar a las personas que las ven” Dice Mari Paz Jaramillo también pintora.
Cuando César Santafé analiza su vida descubre ciertos hechos anecdóticos de su vida, como cuando se burlo de unos de sus compañeros de colegio cuando supo que este estudiaría Artes Plásticas en el Brasil “yo dije este man a de estar muy loco para estudiar eso”, cuenta el pintor de 55 años, sin saber que tiempo después esa se convertiría en su profesión.
Terminó sus estudios en el año 1979, se dio cuenta que era difícil vivir de vender sus pinturas, fue cuando le llegó una propuesta de la directora del centro popular de cultura de ese entonces Amparo Molina de Cabal, quien le ofreció ser docente allí, debido a sus grandes dotes artísticos.
Pero la vida como Docente no fue fácil para César, sus estudiantes no querían que les enseñara, veían en él a una persona muy joven e inexperta, en el instituto popular de cultura se generaron muchas pancartas pidiendo la renuncia de él, como profesor, habían confrontaciones entre él y sus estudiantes muchos no asistían a clase; no obstante el logró demostrar su potencial y hacer que sus estudiantes volvieran a clases.
Cuenta con humor que sus obras no son del gusto de los ladrones, porque no son atractivas y porque el que lo haga se metería una “encañengada” dice que hay otros pintores que pueden tener más salida, sin embargo eso no lo molesta.
En la actualidad César, trabaja como profesor en el instituto popular de cultura durante 11 horas a la semana, y el resto de tiempo lo dedica a su gran pasión pintar.